Manoseada en el metro (subterráneo)
Yo siempre digo que un piropo es un acoso cuando el que nos lo dice no nos gusta. Y una manoseada en un subte no es abuso cuando el que lo hace es alguien atractivo. Y en mi caso no fue uno. Fueron cuatro. Cuatro hermosos universitarios. Chicos que oscilaban entre los 20 y los 21 años,. 22 años, máximo. Y ustedes saben cómo me gustan los pendejos.
Volvía de hacer unos trámites, el centro era una locura. Como siempre, digamos. Pero mi "amado" esposo me había encargado que haga esas gestiones por él. Pedazo de carnero... Encima que me metía los cuernos, tenía que hacerle de Che, Pibe y de secretaria. Pero todo con tal de salir un rato de la casa, entretener un poco el ojo... Y comprarme lencería nueva para las transmisiones. La necesitaba urgentemente para unas ideas que tengo en mente y que pronto se van a enterar.
Cuestión es que me subí a la línea que me tocaba. Las puertas se abren y entro yo. El vagón lleno, obvio. Hora pico. Me quería morir. De pie, cansada y estresada con todo lo que había caminado, y nadie iba a cederme el asiento. Empiezo a empujar a la gente, a ver si podía acomodarme en un huequito. Pero era imposible. Estaba todo lleno.
La misma marea de gente te va llevando de un lado para el otro, y en un momento dado (no recuerdo cómo), terminé pegada a un grupo de amigos que tenían toda la pinta de haber salido recién de clases.
Lindos, todos. Uno rubio, otro morocho. Uno alto, el otro más gordo. Pero todos lindos en sus formas únicas. Debo reconocer que el primer arrimón fue mío, y fue sin querer. Ahora, el resto de los arrimones... Fueron todos intencionados por mí.
El grupo de gente me empujó contra la espalda de uno de los chicos, y mis tetas en todo su esplendor se apoyaron descaradamente contra él. Le pedí disculpas, pero vi como uno de sus amigos me miraba con unas ganas terribles. Como siempre, mis tetas luciéndose. Y ahí fui que decidí mi cuerneada del día: Que esos pibes me toquen entera. Si no podían ser los cuatro, al menos que uno lo haga.
Como quién no quiere la cosa, continué con el arrimón de tetas. Me calentaba tanto sentir como mis tetas se presionaban y deformaban en la espalda de ese flaco... Ver como cambiaban de forma. Cómo se levantaban, bajaban y aplastaban contra él... Me volvía loca de placer.
Al principio fue despacio, tanteando el terreno a ver si eran igual de pajines que yo, y porque tenía miedo que se enojen por andar frotando mi cuerpo contra uno de ellos. Pero de a poco me fui animando a demostrarles mi verdadera intención con todo ese juego: Que me toquen. Que me manoseen entera. Asi que mientras seguía con ese arrimón "sin querer" con mis labios, mi lengua, mi mirada y los gestos que hacía le decía a uno de ellos (el que me miraba) otra cosa. Un mensaje muy claro: Tengo ganas.
Me entendió. El mensaje llegó, porque ese flaquito le dijo algo a uno de sus amigos. Me miraron. Y el círculo de compañeros se abrió para mí... Para que yo quede en medio de cuatro vergas paradas, jóvenes. Y en un lugar público.
¿Querés saber más?

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