Manoseada en el subte: 2° Parte
Cuando ese círculo se abrió para mi, fue como se abran las puertas mismas del Cielo. Cuatro hermosas vergas que pujaban en los pantalones de esos pendejos calenturientos, sólo para mi. Me hubiese encantado haberlos tenido en mi casa a los cuatro, en mi cama o en mi sofá, con las cuatro vergas paradas y apuntando a mi rostro. Pero estaba en el subte, y teníamos que ser muy cuidadosos. No iba a poder gemir, ni tampoco pedir nada de penetración, pero algún trofeo me iba a llevar, eso seguro. Por suerte eran todos altos, así que me iban a tapar bastante bien. Me puse delante del flaquito al que le estaba apoyando las tetas, pero el primero en hacer el siguiente movimiento fue el que entendió mi mensaje. Un rubio, con ojeras, pero de sonrisa muy linda. Y que con una mano se tocaba la pija por encima del pantalón, y con la otra me empezó a tocar una de las tetas. El que tenía atrás mío, y al que nunca le vi la cara, me empezó a manosear las gomas. Primero probó el peso de ellas. Las acarició...