Otro virgen para mi colección
No hay placer más grande para una mujer madura que desvirgar a un jovencito.
A mi colección de yogurines se suma Alexis.
Ay, ese muchachito... A sus veinte años jamás había dado un beso. Mucho menos tocado una teta. Y ni hablemos de ponerla. No. Yo fui su primera vez en todo. Y por eso ahora estoy pagando las consecuencias: No deja de mandarme mensajes.
Hace muy poquito a mi esposo lo ascendieron en el trabajo. Eso significa: Más horas sola, y más dinero para gastar en sus amantes. Pero los cuernos es un juego que se juega de a dos, como siempre digo. Y gracias al anonimato de las redes sociales y de apps de citas, encontré a mi nuevo juguetito.
Alexis.
Su nombre me provoca ternura... Y algo de risa. No es por mala, pero cuando lo conocí en persona entendí por qué seguía siendo virgen. No era precisamente una obra de arte… más bien un boceto fallido. Feo. Flaco como un palo, y con una dentadura digna de una piraña. Pero con un vergón... Mamma mia ese vergón... Grueso. Venoso. Cavernoso. Largo. Cabezón. Contundente. Como a mí me gustan. Y lo mejor de todo: Nuevo. Sin uso. Virgen.
Ya veníamos intercambiando algunos mensajes, videos, incluso llamadas. Mi intención era clara: Ponerle la leche a punto caramelo. Que me ruegue. Que me implore por meter su pija en mi concha. Un día lo hizo. Y me apiadé de él, como toda buena samaritana haría.
Esa tarde lo invité a mi casa. Claramente mi esposo no estaba. Él estaba "muy ocupado" con su trabajo. Recuerdo que mis perros hicieron un escándalo cuando Alexis llegó, nervioso y seguramente con el corazón (y los huevos) en la garganta. Lo invité a pasar directamente a mi habitación, dónde podía cerrar la puerta y ocultar todos los ruidos con música. Pobrecito, le temblaban las manos.
—¿Querés un vaso de agua? —Fue lo primero que le pregunté. Porque sabía que las primeras veces podían ser complicadas.
—¿Me das uno? —preguntó. No demoré más, y fui a la cocina. Volví con un vaso de Coca-Cola. Prefería que esté más activo. Y de paso le iba a dar un buen gusto a su boca.
Se tomó el vaso de a sorbitos. Mientras tanto, fuimos hablando, conversando... Tratando de crear un ambiente relajado y ameno antes de pasar a los bifes. Quería que recuerde su primera vez con algo bueno, y no como algo malo.
Terminó el vaso de gaseosa. Y se quedó mirándolo. Le tomé la mano con cuidado. Tenía las manos heladas.
—Tranquilo... —le susurré. Tratando de no asustarlo—. Al comienzo es algo difícil empezar, pero ya vas a ver que todo se vuelve más fácil cuando le agarrás el ritmo.
—Es que... No sé si voy a poder complacerte —me confesó. No pude evitar reírme.
—Hoy vos no tenés que complacer a nadie, mi amor... —Le tomé el rostro con cuidado y lo acerqué a mí—. Hoy soy yo la que te va a complacer a vos en todo sentido.
Cuando lo besé, Alexis dejó salir un gemido. Más virgen no podía ser. Sabía que ese era su primer beso. Y sabía que también iba a ser su primera vez. En todo.
Tomé una de sus manos y me la puse en una de mis tetas. Dejé que mueva sus dedos torpemente en ellas. Quería que experimente a su ritmo. Que me sienta. Que disfrute. Porque eso sólo iba a ser el inicio de todo.
¿Te gustaría leer que más pasó?
Donde puedo leer la segunda parte que me dejaste muy manija?
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